La peor noche logística de mi hermano
Todo empezó como un problema logístico.
Mi hermano trabajaba como supervisor en una
obra dentro del aeropuerto Jorge Chávez. Ese día todo salió mal: materiales
retrasados, coordinaciones cruzadas, llamadas inútiles…
Se le hizo tarde.
Muy tarde.
Cuando por fin logró salir, estaba cansado… y
casi sin pensar.
Fue entonces cuando se dio cuenta de algo
peor:
Solo tenía 30 soles.
Nada más.
Pero ya no podía quedarse.
Paró un taxi.
—¿Cuánto hasta la casa?
—50 soles —respondió el chofer.
Mi hermano ni discutió.
—Avanza nomás hasta donde alcance.
El taxista lo miró… como evaluándolo…
pero aceptó.
La ciudad de noche tiene algo distinto.
Menos ruido.
Más sombras.
Más cosas que no quieres preguntar.
El taxi avanzó.
Hasta que se detuvo en Javier Prado, por el
puente Quiñones.
—Hasta aquí noma’.
Y eso fue todo.
Mi hermano bajó…
pagó…
y se quedó viendo cómo el carro desaparecía.
Silencio.
Ciudad grande.
Pero vacía.
No le quedó otra: caminar.
Iba cansado.
Sin ganas.
Sin apuro.
Solo queriendo llegar.
Entonces alguien (de aspecto masculino-femenino) apareció a su lado.
Sin ruido.
Como si ya hubiera estado ahí.
Una voz suave:
—Papito… el servicio es limpio… pero tiene que
ser rápido.
Mi hermano se quedó congelado.
Procesó la frase.
Volteó.
Y en ese instante entendió algo peor que todo
lo anterior:
No solo estaba en el lugar equivocado…
también parecía ser la persona equivocada.
Intentó reaccionar.
—No, no… estoy caminando nomás…
La persona lo miró.
Lo midió.
Sonrió ligeramente.
Y dijo algo que terminó de arruinar la noche:
—Ah… ya… entonces recién estás empezando.
Silencio.
Mi hermano no respondió.
No podía.
No sabía si aclarar…
explicar…
o simplemente desaparecer.
Y entonces tomó la decisión más pragmática de
toda la noche:
Siguió caminando.
Sin mirar atrás.
Sin explicar nada.
Porque entendió que había situaciones…
en las que defender tu dignidad
solo complica más tu reputación.
Cuando lo contó después, lo resumió así:
—Salí a resolver un problema logístico…
y terminé evaluando si negar todo o cambiar de rubro.
Y hasta hoy sostiene que, por unos segundos…
la ingeniería dejó de parecerle la opción más
complicada.

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